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viernes, 25 de noviembre de 2011

Julio Cortazar

"..Yo aprendía contigo lenguajes paralelos: el de esa geometría de tu cuerpo que me llenaba la boca y las manos de teoremas temblorosos.."

martes, 8 de noviembre de 2011

jueves, 3 de noviembre de 2011

Fragmento de Baldíos, Diego Meret

Es imposible anticiparse al momento en que las cosas desaparecen y se pierden para siempre.


Jaime Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?


Jean Paul Sartre.

Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la Verdad.


Alejandro Jodorowsky

En la mente, ser. En el corazón, amar. En el sexo, crear. En el cuerpo, agradecer. En la conciencia, saber.

Fragmento de "Mi segunda muerte fue así" Eduardo Galeano

Yo me había pasado toda la vida diciendo adiós. Carajo. Toda la vida diciendo adiós. ¿Qué ocurría conmigo? Des­pués de tanta despedida, ¿qué había dejado yo? Y en mí, ¿qué había quedado?

Fragmento de "La poesía" Octavio Paz

Ya sólo tú me habitas.


Ernesto Sábato

Y él había suspirado entonces y ella le había dicho “¿qué?”. Y él le había respondido “nada”, como respondemos cuando estamos pensando “todo”.